Bullying entre mamás

Graceland · 26 agosto, 2016

La que tiene X o Y forma de educar es la que tiene la adecuada.

Las mamás somos la cosa más adorable que existe, eso si pensamos en nuestra relación con nuestros hijos, que dicho sea de paso también son la cosa más adorable que existe. Pero si se trata de relacionarnos con otras mamás, la cosa cambia. No entiendo por qué, pero aquí va mi experiencia en estos asuntos.

Mi primer encuentro con este tipo de mamá fue cuando mi hijo mayor empezó a ir a la primaria. La verdad yo pensaba que ir ahí era llevar a mi hijo a la escuela y después recogerlo a la salida y bueno, en aquel entonces, digamos hace como nueve años no había (por suerte) Whatsapp. Entonces yo hacía eso, dejarlo e ir por él, pero observaba como varias mamás se juntaban a la salida para platicar. Yo imaginaba que las pláticas eran sobre la comida que le darían a sus hijos llegando a casa o el chisme de cómo se enojaron con el marido porque “nomás” no da una.

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Yo era muy rara porque no platicaba mucho con ellas, pero un día me dije: “Grace, deja de ser la anti-social, amargada, poco amable y acércate a platicar” , así que me acerque muy lentamente a integrarme al grupo de mamás platicadoras. Esto se repitió durante varios días, luego meses, años y me hice amiga de algunas.

Pero bueno, les contaba sobre las conversaciones que tenían, todas versaban sobre lo mismo: “Quién tenía al mejor hijo o cuál niño era el mejor en tal deporte, clase o la actividad que fuera”. La idea era presumir al más aplicado o deportista o lo que fuera.

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Al principio me sentí intimidada porque mi hijo -que es un santo- no era el que sacaba todos los dieces y debo aceptar que yo no se los exigía, porque me parecía más importante atender otras áreas de su desarrollo que luego les contaré. En fin, me daba miedo participar porque si tú decías que tu hijo era bueno para barrer, inmediatamente saltaba alguna mamá para comentar que el suyo barría tres veces más rápido con Maestro Limpio y al mismo tiempo trapeaba. Así de mal la cosa. Bueno, eso nunca sucedió, pero ustedes me entienden.

Con el paso del tiempo pensé que esto acabaría y todos madurarían, hijos y mamás, pero no. Siempre hubo algo por lo qué competir, quién disfrutaba la mejor vacación, quién encontraba la mejor técnica de educación o simplemente cuál era el hijo más sobresaliente, y si tú no cumplías con ninguna de estas maravillosas características ¡Oh dios! eras blanco de posibles criticas (que obvio nunca dirían frente a ti).

Luego Facebook se volvió la red social favorita de todo el mundo y, ¿cómo les explico? ahora si, a ver quien subía la mejor foto o el mejor momento del niño -y entiendo que todas estamos orgullosas de los logros de nuestros hijos-, pero hoy en día se trata de subir una foto diario para que vean qué extraordinario e iluminado niño tienes (aunque no sea cierto pero a subir fotos se ha dicho). La cosa estaría bien si ahí acabara, pero ahora esto complementa las conversaciones que aún se siguen llevando  a la salida y las miradas, los chismes y los juicios de unas a otras.

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El bullying comienza aquí, porque aparte la que tiene X o Y forma de educar es la que tiene la mejor y ¿cómo es posible que tú lo hagas diferente? Eres mala madre si decides educarlo diferente, eres terrible si tu hijo hace una pataleta en una fiesta, eres la peor si decides no participar en un evento escolar que no te interesa; no eres buena madre porque no haces lo que ellas hacen.

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Por ende, eres criticada y juzgada por el tribunal más rudo e implacable, el tribunal del grupo de mamás que se forma fuera de la escuela a platicar sobre lo maravilloso que son sus hijos. ¿En qué momento se volvió esto una competencia? Creo que es importante ser solidarias, unirnos y no agredirnos y créanme que cuando una mamá quiere hacerle la guerra o vida imposible a otra mamá, ¡es el infierno!

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Lo más fuerte de todo es que este es el ejemplo que le damos a nuestros hijos, -que a veces terminan siendo excelentes seres humanos a pesar de todos nuestros errores-, pero ellos ven lo que hacemos y aprenden. Si tú criticas estás agrediendo, si juzgas estás agrediendo, si te crees superior también. No queremos esto ¿verdad? Mejor intentemos no juzgar a otras mamás, aceptar y respetar otras maneras de ver el mundo, de educar y de ser.

Seguro nuestros hijos y nosotras seremos más felices sin demostrarle nada a nadie más que a nosotros mismos.

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