Lo que piensa una mujer durante todo el embarazo

Graceland · 20 febrero, 2017

Grace Navarro habla de todo aquello que pensó durante su primer embarazo.

embarazada

Después de recibir la noticia de que estaba embarazada, entré en pánico, si, literal en pánico “¿What?” o sea “¿Qué?”  “Solo tengo veintisiete años, soy una polluela”.

Las preguntas empezaron a llegar como un torbellino devastador, una duda tras otra, ¿cómo se educa a un niño? ¿estoy lista para esta responsabilidad? ¿cómo se cambia un pañal? Ajá, hasta eso, hasta en los pañales pensaba. En pañales, en biberones, en desveladas, en papillas. Básicamente en todo.

Así duré aproximadamente un mes, el primer mes del embarazo. El segundo mes estuvo lleno de otro tipo de preocupaciones. Todo el tiempo pensaba en cómo iba a nacer, si se estaba formando bien, si estaba completo, si le faltaban dedos, si oía, si veía. Me daba miedo mal alimentarme, aunque aclaro que eso nunca pasó, realmente me dediqué a comer cualquier cosa que me pusieran enfrente, bueno también lo que no me ponían enfrente.

Llegó el tercer mes, junto con el llegó el frío y me vino una gripe fatal, obviamente, me puse como loca. Juraba que le estaba pasando todos los bichos al bebé, que lo estaba enfermando, que era una mala madre porque no me había cuidado del frío y sus inclemencias. Por suerte, esto pasó rápido, igual que noviembre.

Empezó diciembre, el mes de mi cumpleaños, la Navidad y la llegada de un año nuevo. Este mes me llenó de ánimo y buenas vibras. Me dediqué a leer cualquier libro que tuviera las palabras: embarazo, bebé, nacimiento. Descubrí miles de formas de cuidarme y de cuidar a mi bebé. Aprendí sobre cada etapa del embarazo y el desarrollo de mi hijo. Estaba imparable, compraba y compraba libros. 

Por cierto, la etapa de la obsesión por la información me duró todo el embarazo y me regaló mucha tranquilidad.

Cada vez que iba al ginecólogo tenía más y más preguntas. La verdad el doc me regañaba y me pedía que dejara de leer cosas que yo no tenía o no me iban a pasar. Me convertí en una hipocondriaca cualquiera. 

Ya ni les cuento cómo estaba en marzo, era una histérica dominada por los cambios hormonales. Cargaba con 16 kilos extras, tenía los pies hinchados, sufría de estreñimiento, no dormía, estaba enojada. Nadie me entendía y para acabarla, sentía que mi panza era la más enorme del universo. Estaba gorda y fea (ahora que veo mis fotos realmente no estaba fea, es más hasta bonita estaba).

Por fin llegó abril. Bendito abril. El día 19 sin esperármelo me despertaron las contracciones, desde las dos de la mañana me empezaron a atacar una tras otra. No fue fácil. Batallé, lloré y me desesperé. Pero todo valió la pena, porque abril me trajo a Memo, mi hermoso hijo.

Sin duda volvería a repetir la locura del embarazo sin pensarlo.

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