Ser mamá y seguir siendo tú

Graceland · 1 noviembre, 2016

No necesitas dejar de hacer todo lo que te gusta cuando tienes un hijo.

Cuando me embaracé de mi primer hijo, todo mundo me decía que ya no iba a poder hacer nada de lo que tenía planeado con mi vida. La verdad me asustaban con sus comentarios, aunque todos iban, obvio, acompañados de un “felicidades”. Por supuesto que en vez de relajarme me espantaban:

Mi carrera de fotógrafa se vería truncada y no solo eso, ya no podría hacer nada más que estar en casa y dedicarme a mi hijo”. ¡Imaginen mi impresión! Claro que me sentía feliz porque sería mamá, pero también estaba llena de dudas y preocupada por todo lo que quería hacer.

Yo siempre fui independiente, alegre y aventurera. En mi cabeza ya no podría viajar, tomar fotos, desarrollar mis proyectos personales, ni lanzarme a la aventura a descubrir cosas nuevas. Tendría que ser un ama de casa seria y responsable con mandil y dedicada a la cocina y “quehaceres” del hogar. ¡Nombre! Casi me daba algo, tipo el patatús. Así de asustada estaba y no quiero decir que ser ama de casa esté mal, más bien lo mío era la aventura.

Por suerte el embarazo dura nueve largos meses y tuve mucho tiempo para pensar qué pasaría cuando naciera mi bebé. Entonces pensé, pensé, pensé y tomé una firme resolución: ¡Nunca dejaría de ser yo! Seguiría trabajando, tomando fotos y nunca cambiaría mi manera de ser (claro que mis defectos siempre son corregibles pero el punto era no cambiar mi esencia).

Nació mi hijo y descubrí que sí se podía trabajar y cuidarlo, que lo importante no radicaba en estar las 24 horas del día pegada al niño, más bien darle tiempo de calidad, amor, atención y compartir con él la vida. Y eso he hecho, estar siempre pendiente de mis dos hijos. Sí trabajo, sí viajo, sí sigo siendo yo. Y ¿saben qué? todos somos muy felices, no estoy frustrada ni enojada con la vida.

También entendí la importancia de cumplir tus sueños y ser una mujer realizada. Que no debes cambiar tu manera de ser por tu hijo, porque a la larga todos esos resentimientos terminan descargándose en ellos en forma de regaños, gritos o castigos. Terminas enojada con tus niños o intentando que ellos sean todo eso que tu no pudiste ser. Yo no quiero ser así y no se lo deseo a ninguna mamá o hijo.

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Siempre, ante todo, debemos de ser nosotras mismas, sea cual sea nuestra esencia, siempre seguir alimentando nuestra alma, porque siendo más plenas seremos mejores madres y educaremos con más amor a nuestros hijos.

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